Titan Desert 2015. Etapa 5: Lamdouare - Erg Znaigui

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Jornada en el que íbamos a hacer el famoso paso de las dunas. 102 kms de desierto puro y duro.

b2ap3_thumbnail_etapa5-titandesert-2015-1.jpgÉste iba a ser mi día fatídico, aunque yo no lo sabía. Había preparado concienzudamente la etapa de navegación ya que es algo que me encanta. Tenía varias alternativas u opciones preparadas en función de cómo se desarrollara la carrera e iba cargado de ilusiones a pesar de que la gastroenteritis había vuelto a hacerse más fuerte y que había pasado muy mala noche.

De salida opté por seguir la propuesta de recorrido oficial, pasando por dentro de las dunas en vez de rodearlas. Porque a pesar de que rodearla eran 5 kms más pero ciclables y que se ahorraría tiempo, me apetecía conocer el famoso paso de dunas y salir en las fotos oficiales empujando mi bicicleta o pedaleando las pocas pedaladas que se podían dar.

En las dunas volví a coincidir con algunas de las féminas que se disputaban la carrera y con ellas continué. Sandra me preguntó por cómo llevaba el tema de navegación y yo le respondí que era algo que me gustaba bastante, por lo que me pidió que la acompañase ese día. Para mí volvía a ser un honor.

El paisaje de las dunas era totalmente asombroso. Nada que antes hubiera visto. La arena era gruesa y de color naranja. Y siempre, la inmensidad. Era algo sobrecogedor. Me recuerdo pedaleando por la cresta de una inmensa duna que tenía unas piedras negras enormes y que a la derecha había un cortado increíble, desde el que se divisaba un paisaje indescriptible, como todo en el desierto impactante y cautivador.

b2ap3_thumbnail_etapa5-titandesert-2015-3.jpgSalimos de las dunas y nos paramos a quitarnos la arena. Momento para tomar aire y continuar. Entramos en un pequeño cañón, algo divertido porque transcurría por un sendero (de los poquitos de la Titan), cuando saliendo advertí que mi rueda trasera había pinchado. Pedí al grupo que no se detuviera, ya que pensaba arreglar el pinchazo y poder volver a cogerlos. No me lo pensé ni me compliqué la vida. Metí la cámara revisando la cubierta, de la que saqué un par de espinas como clavos y tiré a toda pastilla a intentar cogerlos. Andaba en esta tarea cuando atravesé las ruinas de un pueblo que eran espectaculares y que me hubiera gustado poder apreciar con más detalle, continué sobrepasando a un grupo y de pronto empecé a notar nuevamente que mi rueda trasera volvía a estar pinchada. Nueva parada, otra espina enorme y otra cámara. Ya era consciente de que no podría coger a Sandra y al grupo donde iban mis amigos de TBellès, así que la ilusión de volver a rodar con ella se me fue al garete. ¡Quedaba una posibilidad!, que ellos fueran navegando por la pista y que si yo acortaba navegando fuera de las pistas los pudiera alcanzar. El próximo paso obligado era el CP3, aunque también tendría que pasar por la estación de hidratación 2 (EH2) porque mis reservas de agua se habían visto perjudicadas por los kilómetros de caminata por las dunas. Atravesaría campo a través, bueno, más bien, desierto a través. Eso sí, en absoluta soledad en el desierto.

El primer paso obligado, el CP3 me salió muy bien, encontrándomelo unos 300 m. antes de lo que debía estar. Al salir de este punto y al atravesar una zona de arenas, otro corredor se me cruzó sorpresivamente, cayendo sobre mí en el momento de sobrepasarlo. Golpe muy fuerte de su manillar en mi gemelo, pero en ese momento sin consecuencias. Así me encaminé hacia el EH2, pero cuál fue mi sorpresa que al llegar al punto marcado por las coordenadas el EH2 no estaba y tampoco había rastro de él. Di varias vueltas. Estuve parado un buen rato revisando que hubiera navegado al punto que correspondía. Repasé la navegación…, hasta que otro corredor llegó donde estaba yo y extrañado me preguntó: - ¿Aquí no está el EH2? Juntos dimos un par de vueltas más hasta que vimos un grupo de unos 5 bikers que venían en nuestra dirección nos dijeron que el punto había cambiado y que estaba detrás de una loma junto a un poblado y que era difícil de ver, pero que allí estaba. Asombrados nos dirigimos en aquella dirección y efectivamente, allí lo encontramos. Tomé agua en la CamelBak y a correr al siguiente punto obligado, el CP4.

Había 8 kms por pista, 2,600 kms. si atravesaba un campo de pedruscos y posteriormente una zona de arena que me marcaba el mapa de escasos 500m, que en el peor de los casos podía hacer corriendo a pie. Así que me decanté por volver a acortar. En mi cabeza seguía la idea de volver a encontrar a mi grupo sin reparar en todo el tiempo que había perdido encontrando el EH2.

Pero el CP4 se iba a hacer célebre ese día y para mí, inolvidable. Llegué a las coordenadas después de muchos esfuerzos y de llevar casi todos los kilómetros en absoluta soledad (me oriento muy bien y no me da miedo de perderme, pero creedme que ir solo por el desierto, “acongoja” bastante), pero cuando llegué al punto que me marcaban las coordenadas, ni rastro del CP4. Ahora sí que no sabía qué hacer. Allí no había un alma y estaba exhausto del esfuerzo. Ahora me sentía hundido y empezaba a notar un intenso dolor en los gemelos donde me habían golpeado con el manillar.

Di varias vueltas, revisé todo y nada, volví un poco sobre mis propios pasos y de nuevo a donde debía estar el CP. Hasta que a lo lejos pude ver otros ciclistas que venían en mi dirección. Rápidamente me dirigí a ellos. Los primeros no quisieron contestarme a mi pregunta (luego se habla mucho del espíritu Titan…), pero un grupo que iba tras ellos, se paró y se me quejaron porque según ellos el CP4 estaba a 4 kms de donde debía estar. Me dirigí hacía donde me habían dicho y aunque no eran los 4 kms, sí pude comprobar que estaba a algo más de 2 kms, que ida y vuelta hacían 4 kms. ¿Cómo se puede fallar en tomar unas coordenadas en algo más de 2 kms? ¡¡¡¡Increíble que en la famosa etapa de navegación GARMIN, casi todos los waypoints dados estuvieran mal y que alguno llegase a una desviación de algo más de 2 kms!!!! ¡¡¡De vergüenza!!!

b2ap3_thumbnail_etapa5-titandesert-2015-2.jpgY encima ahora ya me era casi imposible pedalear. No me compliqué más, me uní a un grupo que casi no podía seguir, de corredores que habían estado llegando días atrás a horas de mis tiempos. El dolor era insoportable. Cada bache era un desgarro en mis gemelos. Pensé en abandonar, pero esa opción no existe en mi cabeza. Perdí ese grupo y varios más que me pasaron. Corredores con protecciones en rodillas y brazos, un corredor en una fatbike, otro con un casco verde de monopatín y una bicicleta de paseo con single speed y todos se me iban. Miraba la velocidad y rodaba a 10/12 km/h. Me llegué a desesperar de verdad, porque además, sin contar con los kilómetros ahorrados, me debía quedar casi la mitad. Al final un grupo de amigos catalanes se apiadaron de mí y no me abandonaron. Gracias a esos compañeros que se preocuparon por mí y que hicieron el esfuerzo de tirar de mí, de darme un analgésico y una crema para los dolores, que me ayudaron a quitarme el viento, que me ofrecieron todo cuanto se puede tener en el desierto, llegué yo aquel día. ¡Un tiempo de 7 horas y 31 minutos! Un tiempo que veía en otros corredores los días previos y pensaba: ¿cómo se puede estar tanto tiempo sobre la bici? Hoy me había tocado a mí.

Dejé la bici, me duché y casi sin poder me acerqué a la consulta médica, donde me dijeron que no había rotura en el músculo, pero sí una importante contusión, que seguramente no me permitiría tomar al día siguiente la salida.

Última etapa y no iba a poder salir. Ya no me importaba el puesto en la general. Ya no quería estar entre los 100 primeros. De hecho, no me importó caer del 131 de la general a algo más del 200. Yo quería acabar y llevarme mi piedra. Poder llevarles la piedra a mi mujer y mis hijos, que tantos sacrificios habían hecho para que yo pudiera estar allí.

Le dije al médico que tomaría la salida, sí o sí. A lo que me respondió con un lacónico: “El dolor es tuyo, así que puedes hacer lo que quieras con tu dolor”. Acudí a mis fisios y les dije que hicieran lo que tuvieran que hacer para que yo pudiera terminar como fuera al día siguiente. Creedme que lloré de dolor. Tragué muchas lágrimas en esa hora en la que Víctor Jiménez, un grandísimo profesional, me hizo lo necesario para que pudiera tener algo de movilidad en mi pierna. A él le debo haber podido acabar la Titan y se lo agradeceré de por vida.

La noche estuvo de lo más tensa, ya que en el “breafing” la organización se disculpó en parte de los fallos de las coordenadas GPS, pero no asumió totalmente el error, tomando además decisiones en cuanto a sanciones por el paso del CP4 que no fueron del agrado de ninguno de los corredores. Además de esto, se sabía que aún faltaba por llegar un compañero colombiano, que estaba desaparecido varias horas después del cierre de carrera y que nos trataron de ocultar.

Finalmente el corredor fue encontrado algo más tarde de las 00,30h casi en la frontera con Argelia en perfecto estado y pudo incluso tomar la salida al día siguiente, aunque ya fuera de carrera. 

Así, entre fuertes dolores y la preocupación por si aparecía nuestro compañero pase la noche. Necesité como siempre ir al baño para continuar dándole alegría a mi gastroenteritis y casi no podía caminar, por lo que a eso de las 04,00h me tomé otro analgésico. Y por la mañana parecía que me dolía algo menos. 

Tomé lo que pude para desayunar, algo de cereales y mi bocata de jamón y fui a por la bici para afrontar la que iba a ser la última etapa de la Titan Desert. En mi cabeza, la seguridad de que la iba acabar, aunque fuera a una pierna.

 

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