Los niños y el ciclismo deportivo. Y que papel juega el conjunto de la sociedad.

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Vaya por delante que esta es una opinión personal, por  lo tanto, lo que voy a comentar a continuación me gustaría sirviese para hablar, hacer pensar, recapacitar, discutir y que se puedan tomar decisiones, por parte de quien corresponda.

Los niños en el ciclismo.

La inmensa mayoría de los padres que llevan a sus hijos a las carreras a competir, entre semana los llevan a sus correspondientes escuelas de ciclismo. Allí, un par de días o tres a la semana, el padre y/o madre confía su hijo en las manos de uno o varios monitores, que se hacen cargo del chico o chica junto a otros tantos. Es en esas escuelas, al igual que en el colegio, en las clases particulares de inglés, o en cualquier otra actividad, donde el niño va a adquirir una serie de, y en concreto en una escuela de ciclismo, valores deportivos que le van a acompañar durante el resto de su vida.

Humildad, compañerismo, sobreponerse a los contratiempos, no desfallecer, medir sus posibilidades, afrontar retos, no sentirse superior y siempre trabajar para ser lo mejor que pueda, pero con esa humildad que hemos inculcado desde el principio, además de muchos más valores positivos para el devenir futuro de nuestros niños y niñas que son el futuro de nuestra sociedad.

Pero además se les enseña, con la base de esos valores adquiridos, a competir. Porque en la escuela, a los más pequeños se les enseñan los valores, y cuando se hacen un poquito más grandes, y comienzan su bagaje en categoría de principiantes, si han aprendido los valores, cuando llevan dos o tres años participando en dicha categoría, el niño o niña empieza a COMPETIR.

A competir, mal que le pese al padre o madre de turno, que lleva a su hijo o hija a la carrera del provincial de su localidad.

Por mucho que digamos que llevamos a nuestros hijos a disfrutar, los padres que se hacen kilómetros y kilómetros llevando a su hijo de un pueblo a otro de su provincia e incluso de otras provincias, realizando el consabido gasto económico que esto conlleva, no se desplaza con su hijo para que de una vuelta a un circuito, no, lo lleva a competir; que no quiere decir que lo lleve a GANAR, no, lo lleva a competir, a que se esfuerce, a que luche, a que sufra, a que se desenvuelva, piense como trazar o adelantar sin caerse, ni tirar al contrario, a que mida sus fuerzas, a que valore al contrario, y que al final, cuando cruce la línea de meta, pierda o gane, reconozca el esfuerzo y el sufrimiento suyo y de los contrarios, y que acto seguido, después de “pelear” por un puesto, vuelvan a sus juegos, con ese mismo chico o chica con el que han competido y con el que se han “maldecido”, porque esto es COMPETIR, no es ganar ni perder, es aprender a vivir.

¿Pero que ocurre?, que en algunas carreras nos encontramos situaciones, que en su conjunto, llevan al bochorno más absoluto, haciéndonos a algunos sentir vergüenza ajena.
Una carrera cualquiera, en un lugar cualquiera.

10:00 de la mañana. Hora prevista por la organización para que comience la primera carrera, la de principiantes. Hasta aquí todo bien, ¿verdad?.

09:30 de la mañana. Arco de salida y ya vemos a algunos padres y madres colocándose ellos mismo junto a sus hijos en la línea de salida. Buscando una posición para su hijo. Bueno, bien, ya vendrá el juez y pondrá orden.

10:00 de la mañana. Tenemos a todos los niños y niñas (estamos hablando del orden de 30 chavales) acompañados muchos de ellos de sus correspondientes progenitores. Pero no hay calma, eso parece un gallinero, ¡y no son los niños!, son los padres y madres. “Que si mi niño es aquí, que si esto es una carrera, que si aquí se viene a disfrutar,…”
Los niños como pollitos recién nacidos, mirando para todos lados sin saber que pasa y con los nervios lógicos de inicio de carrera.

10:10. Vuelta de reconocimiento. Ea!, las parrillas creadas por iniciativa de padres y madres no sirven para nada. ¿Qué no?, espérate.

Los chavales salen detrás de un organizador en sus bicis a reconocer el circuito, ¿pero todos?, NO!, queda un irreductible grupo comandado por su respectivo padre o madre, que le dice al niño, ¿tú?, tú quédate aquí y ya se pondrán todos por detrás tuya. O simplemente se queda el padre o madre en el arco de salida “guardando el sitio” como si esto fuera la cola para pagar en el supermercado y me guardas el sitio porque se me han olvidado comprar los “danone”.

Vuelven los niños de la vuelta de reconocimiento y ¿qué pasa?, pues que va a pasar!. “Que mi hijo va aquí porque estaba el primero”; pero alma de cántaro, si está ahí, es porque no ha salido ni a dar la vuelta de reconocimiento...
¿pero no ve, que su hijo/a que va con una bici de 20” o 24”, que no está “compitiendo” el provincial, sería arrollado por niños o niñas con 26” o incluso 27,5”, que vienen a competir?

Pero es que aquí se viene a disfrutar y a echar el día!!!

No señor/a, aquí algunos vienen a competir. A echar el día nos vamos al campo con la tortilla de papas y los filetes empanaos (buena alternativa no?)

Abucheos, pitos, opiniones encontradas, ¿esto que es?. ¿Por qué pasa esto en unas pruebas y en otras no?. ¿Quién tiene la culpa?. ¿No nos damos cuenta que estos valores no son los que se están intentando enseñar por medio de la práctica deportiva del ciclismo?

Ese clima de crispación se extiende a los niños, que en carrera incluso se llegan a enfrentar unos con otros por culpa de ese estrés en parrilla. Y ese estrés en carrera algunos padres lo exteriorizan después de la carrera, llegándose a ver actos tan reprochables y vergonzosos como en la última carrera donde hemos estado, donde hemos visto a dos padres levantarse las manos, y todo delante de los niños.

¿Y quién tiene la culpa?, me vuelvo a preguntar, ¿los padres?, Pues os digo, si y no.

Hay pruebas que vemos donde hay cajón de salida, donde los niños/as, que son más listos y educados de lo que pensamos, se colocan en su cajón, sin sus padres, ellos solos. Y los jueces, van llamando a los primeros clasificados para hacer la parrilla de salida, ¡y se acabó el problema!

Los padres y las madres en los laterales, viendo a su hijo/a en parrilla y dispuestos a animarlos fervientemente, y nada más.

Y si existe algún problema, para eso están los responsables de equipo o escuela. Los padres no pintamos nada en carrera, nada más que para darle ese beso cariñoso antes de salir y que ellos tanto aprecian, y para abrazarlos una vez cruzan el arco de meta, ganen o pierdan, lleguen el primero o el último, solamente por el placer de ver a tu hijo esforzarse, luchar y DIVERTIRSE.

Este es un deporte que enseña muchísimos valores positivos y ninguno negativo. No hagamos nosotros, los adultos, que esto se convierta en algo que no debe ser NUNCA.

Y si no somos capaces nosotros desde aquí hago un llamamiento a la Federación Andaluza de Ciclismo. Se que por normativa no hay que hacer parrilla en Escuelas, pero también vemos que hay carreras, como en los provinciales de Málaga, Cádiz, Sevilla, dónde se instalan los cajones de salida y el discurrir de las pruebas es excelente, gracias a ese trabajo bien realizado y organizado. Por favor, que esto se extienda a todas aquellas carreras que disputan los más pequeños, por dos razones, la primera por su educación y la segunda por no tener que ver a la Guardia Civil separando una pelea de padres, ya que si vemos y contamos cosas así, quizás haya pruebas a donde no haya que ir.

Si has llegado hasta aquí es porque al menos te sientes sensibilizado con el tema, o eso espero. De ser así, difunde esta opinión; compartela. Muchas gracias!

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